DIA DE REYES

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Mientras Oriente gime y, en la Tierra,
el viento huele a pólvora y a guerra,
los niños duermen mal pensando en ellos:
Los Reyes, que se han puesto de camino,
siguiendo el resplandor de lo Divino
a lomos de magníficos camellos.

Los niños, con el ansia contenida,
no saben bien de qué, en su corta vida,
esperan, con los ojos muy abiertos.
Nosotros nos tenemos por maduros…
y, a veces, somos viejos prematuros
y, a veces, como niños inexpertos.

Lo adulto es, muchas veces, miopía;
ceguera a la alocada fantasía
que habita en lo profundo de nosotros.
La cruda realidad está tan fría…
No quiero ni pensar lo que sería
del mundo, Reyes Magos, sin vosotros.

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Pérfidus… A Christmas Carol

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El inmoderado asesino Pérfidus “Bocarte” McFoster se detuvo ante la puerta del Syphilis Saloon, en Pottawatomie Creek, y escupió su mascada de tabaco sobre uno de los huérfanos mestizos que corrían a amarrarle el caballo.

-Cuida de Ripper mientras yo esté dentro, o me haré una fusta con tus tripas.

El cielo estaba encapotado. Negros nubarrones se cernían sobre el condado de Franklin, y el chasquido de un trueno, sucio como un árbol que se parte en dos, rechinó cuando Pérfidus cruzaba la puerta del saloon.

-¡Bourbon, maldita sea! ¡En un vaso limpio!

El camarero, el proscrito Moses Slotnick, buscado en tres Estados por rapto, violación y profanación de cadáveres, tragó saliva y sintió que la camisa no le llegaba al cuerpo.

-En s-seguida, se-señor…

Su hermano Mordecai, exconvicto, pirómano y pederasta, intentó cerrar discretamente la tapa del piano y escabullirse, pero un leve chasquido le apercibió de que McFoster le miraba por el ojo de su 44 Russian.

-Siéntate y toca… Esto parece un funeral. ¡Y lo será, maldita sea! ¡pero no me gustan los funerales tristes!

Pérfidus cogió su botella y fue a sentarse en la mesa del rincón, cuyo único ocupante fue desalojado por el expeditivo método de clavarle la espuela en la pantorrilla.

El pianista, que aprendió los rudimentos del oficio en la penitenciaría de Wichita, atacó un alegre ragtime con la naturalidad de un pastor metodista bailando una polka rápida. McFóster escupió el bourbon y soltó una maldición que no había sido pronunciada desde que los españoles le cortaron la oreja a Jenkins con un cuchillo mal afilado:
-¡Qué demonios es eso! ¡Quiero música! ¿Es que no sabes algo mejor?

Mordecai sintió que sus esfínteres estaban a punto de rendirse. En un último esfuerzo por no ceder, sus dedos atacaron el teclado sin dejar que el cerebro interfiriese en el asunto. Una melodía lenta, casi inaudible, fue extendiéndose desde las carcomidas tablas del piano:

♫ ♪ ♪
Silent night,

holy night.
All is calm,
all is bright.
Round yon Virgin
Mother and Child…
♫ ♪ ♪

Los ojos de Pérfidus fueron abriéndose hasta conferir a su rostro la expresión de un demonio budista, mientras su color cetrino enrojecía hasta lo inverosimil.
Moses, el camarero, sintió que su asquerosa vida tocaba a su fin. Miró a su hermano, concentrado en su tarea suicida. “Maldito seas, Mordecai… Nunca has tocado mejor”, pensó para sus adentros, sin preocuparse por el calor húmedo que le bajaba por las perneras.

Primero fue un leve tic en un ojo, el izquierdo, concretamente, que es donde le alcanzó la fusta del hacendado Smithers, al que asaltó y decapitó en Dodge City. Poco a poco, el tic se convirtió en lágrima… y finalmente, ante los ojos incrédulos y pitañosos de los parroquianos del Syphilis Saloon, en Pottawatomie Creek, Kansas, el inmoderado asesino Pérfidus “Bocarte” McFoster se deshizo en llanto como una Magdalena.

De nada le sirvió emprenderla a tiros con el mobiliario, porque todos habían tenido tiempo de sobra para ponerse a salvo, y porque sus ojos enrojecidos no le permitían ver otra cosa que la sombra de su propia ignominia.
Esa noche, el inmoderado asesino Pérfidus McFoster abandonó el pueblo a lomos de Ripper, no sin antes golpear la cabeza del huérfano mestizo con un loonie de oro.

Nadie ha vuelto a verle, pero, cada vez que en Pottawatomie un niño tiene miedo en la oscuridad, le basta canturrear bajito esta canción para dormir en paz:

FRAY LUIS EN IKEA

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Apenas si despunta
el alba al rosicler del claro día,
y ya noté que había
un mar de gente junta
corriendo en apretada marabunta.

Me dixe ¿Qué es aquesto?
¡Oh, masa! ¿Qué febril, qué loca idea
o qué terror funesto
te mece cual marea?
-Parece que hay rebajas en IKEA.

Llegueme y asombreme
de ver la boreal nomenclatura:
Hay un sillón Elkströme,
hay una silla Sjura
y un Flakströn,
que es el cubo de basura.

¡Mas, ay, desventurado
que acudes a amueblar habitaciones
y vuelves desolado,
trayendo, no sillones,
sino imposibles libros de instrucciones!

Cual canto de sirena
moderno y funcional, del Norte el eco
llegome, y fuera pena:
Tal cántico está hueco.
Mejor hubiera sido hacerse el sueco.

OTOÑAL

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Defíneme el otoño:
La Parca disfrazada de belleza.
La muerte engalanada.

Belleza, la hay en él, qué duda cabe…
¿Quién osará negarla
bajo la catedral de los hayedos?
¿Quién no verá hermosura serenísima
en ese desnudarse de la fronda,
la casi voluptuosa
y falsa- inflorescencia del otoño?

Ningún sultán pisara alfombra alguna
como la de sus hojas,
ni tuvo Kublai Kan gemas preciosas
como hay en sus arroyos, engarzadas
en plata blanca y verde…
¡Qué alegría,
qué intrépida explosión, tan repentina,
de rojos, malvas, ocres y amarillos!

Mas, no es aquí la vida lo que estalla,
como en la primavera…
sino la muerte misma,
alegre carrusel de la agonía
del reino vegetal.

¿A qué esas galas, pues,
oh, muerte inexorable?
¿Qué anuncias tan alegre, sino invierno:
la derrota final? ¿De qué te ríes?
¿Qué sabes, muerte, tú, que yo no sepa?

ODIO LA TUNA

Dedicado a mi amigo Love de Pega.
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Reliquia más hedionda que ninguna.
Costumbre deleznable que consiste
en ir con los andrajos de Alatriste
y haciendo gorgoritos: es la Tuna.

¿Antigua tradición? Sin duda alguna.
¿Y el cólera? Me dicen que subsiste…
y es cosa que nos hace poco chiste.
El cólera y la Tuna, sin vacuna.

Fulanos disfrazados de estudiantes
(antiguos compañeros de Cervantes)
cantando “Clavelitos”… ¡Ay qué risa!

Caterva más patética y gamberra
no existe sobre el manto de la Tierra,
(excepto las guitarras en la misa)

ZapateroTuno

DEJADME QUE OS AHUME

Man Enjoying His Cigar

La vida es un placer que se consume:
La brasa que separa lo vivido
de aquello que añoramos, porque es ido,
y en humo y en ceniza se resume.

Dejadme pues, congéneres, que fume.
Concédase la prórroga que pido
del tiempo inútilmente transcurrido.
Dejadme que os apeste y os ahúme.

Contemplo cómo nacen de mi mano
las pláticas azules del habano,
prodigio de recóndita belleza.

Pensando en el pasado y el futuro,
espero no ser menos que este puro,
y haberme consumido con nobleza.

Dedicado a Paco Segarra, @pakez

LD

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A menudo despotrico de la línea editorial, sobre todo, desde que han introducido el cotilleo en el menú. Pero tengo que reconocer que Libertad Digital es un medio sin el que se me haría muy difícil pasar.

En Libertad Digital,
comandados por Losantos,
hay metidos unos cuantos
compañeros del metal:
El Campmany y el Vidal,
el que vino de Argentina,
Luis del Pino, la Cristina,
el Domínguez, la Miquel,
Don Amando de Miguel,
Fray Josepho y el Molina.